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La generación sandwichpor |


Este término fue acuñado en 1981 por la trabajadora social Dorothy Miller y se refería a aquellas mujeres de entre 30 y 40 años que cuidaban de sus hijos a la vez que se hacían cargo de sus mayores, ya fueran sus padres, tíos y/o también sus suegros. Pasadas más de cuatro décadas podemos aplicar aún este concepto pero debemos añadirle cambios y matices a su definición.

Somos generación sandwich

Para empezar las mujeres hoy día trabajan fuera de casa. Los datos reflejados en la Encuesta de Población Activa (EPA), realizada por el Instituto Nacional de Estadística, para este último trimestre del 2018 muestran que un 46,56% de la actual población activa son mujeres. Este hecho demuestra el giro de 360 grados que ha tomado la mujer en nuestra sociedad. Más allá de hacerse cargo del hogar y la familia, que veremos que continua aún siendo así en la mayoría de los casos, también apuesta por su carrera laboral, su independencia económica y por realizarse en un mundo que hasta hace pocas décadas estaba totalmente ocupado por hombres.

El hecho de que las mujeres trabajen fuera de casa conlleva que la maternidad, si llega, llegue más tarde. En el ritmo de vida actual es difícil compaginar el hecho de crear una familia con las dos personas de la pareja apostando por su faceta laboral y los tiempos rápidos que nos toca manejar. Cuando los hijos llegan alrededor de los 35 años de la mujer, unos 5-10 años más tarde si lo comparamos con hace 30 años, la situación familiar se ve modificada totalmente: a nivel económico y logístico sobre todo y se requiere la ayuda de los abuelos y las abuelas. Si éstos se encuentran bien de salud no dudarán en colaborar. Podemos poner una familia como ejemplo donde los mayores estén entre los 65-75 años, sus hijos alrededor de los 40 y los nietos alrededor de los 5 años. En el mejor de los casos los abuelos ayudarán tanto en el cuidado como en la economía de los hijos y nietos y esto les llenará de felicidad. La generación de nuestros abuelos e incluso la de nuestros padres crecieron bajo la cultura del esfuerzo y el sacrificio y valoraban el hecho de tener un empleo como la mayor de las suertes y condicionaban su vida a ello y al mantenimiento de la familia. En la actualidad las nuevas generaciones hemos crecido en la cultura del ocio, el disfrute y no hemos tenido que prescindir de casi nada nunca y esto modificará la manera de gestionar las familias y el hecho de renunciar a este gozo por el bien familiar no siempre será bienvenido o, al menos, fácil de llevar.

Volvamos a la familia que hemos planteado anteriormente, ¿qué ocurre cuando pasados 10 años los abuelos empiezan a requerir cuidados y empiezan a ser un poco dependientes? Sumémosle a esta situación el hecho de que la esperanza de vida en nuestro país va en aumento cada año alargando así el periodo en el que tendremos que cuidar a nuestros mayores. También cabe añadir que los jóvenes se van de casa cada vez más tarde por la alta tasa de paro juvenil y esto provoca que durante más tiempo estén bajo cuidado de los padres. Y por último, comentar que la tasa de natalidad ha disminuido en las últimas décadas provocando que el cuidado de nuestros mayores recaiga en menos personas. Por todos estos motivos, nos encontramos con una nueva generación sandwich formada por mujeres y, ahora también, hombres de entre 45 y 60 años, trabajando ambos fuera de casa, estando a cargo de uno o más hijos jóvenes que aun están estudiando o buscando empleo y gestionando los cuidados de sus mayores, ya sean padres o suegros.

Este cuidado hacia nuestros mayores y hacia nuestros jóvenes nos coloca en una situación difícil de llevar en la sociedad en la que vivimos. Requiere de mucha organización y en algunas ocasiones puede resultar agotador tanto a nivel físico, económico y también emocional. Por un lado, sentimos que es nuestra obligación cuidar de nuestros hijos y que lo lógico es cuidar también de nuestros padres que en su momento se hicieron cargo de nosotros y esto nos llena de bienestar. Otro aspecto positivo de cuidar de nuestros mayores es el mostrar a nuestros hijos el valor de la familia y la importancia del amor, la paciencia y la comprensión. Y hacia nuestros mayores, el hecho de cuidarlos les hace sentir queridos, tranquilos y les reconforta saber que siempre estaremos ahí para lo que necesiten. Pero, desde el punto de vista opuesto, se nos plantea difícil el poder compaginar ambos cuidados con nuestro bienestar individual (imprescindible porque si una persona no se cuida a sí misma no podrá cuidar a nadie), poder mantener la eficiencia requerida en el trabajo, tener espacios para cuidar mutuamente de la pareja, mantener la economía familiar a flote con todos los gastos que puedan ir apareciendo, etc.

Herramientas para superar con éxito la etapa sandwich

Para la persona o personas cuidadoras resulta muy difícil y puede desembocar en depresión o situaciones de ansiedad por el estrés de no saber cómo llevar todo y a todos hacia delante. Y también es difícil para las personas cuidadas, sean hijos pequeños o personas mayores, que a veces no entenderán la no exclusividad en el cuidado o que pueden llegar a sentir celos unos de otros, sobre todo si se convive en el mismo hogar. Cuando viven todas las personas juntas en la misma casa la logística y la economía pueden ser más sencillas pero suelen aparecer conflictos en la convivencia. Si, por el contrario, los mayores viven en su propia casa, no se dan estos problemas pero hay que buscar maneras efectivas y prácticas para garantizar su cuidado.

En la cultura de nuestro país la familia es uno de los pilares en que se sustenta la sociedad y con los cambios sociales y demográficos que se vienen sucediendo en las últimas décadas parece que no encontramos la mejor manera de compaginar familia con trabajo, ocio y una situación económica estable. En países del norte de Europa el Estado participa más activamente en el sustento de las familias y en la creación de metodologías para mantener el bienestar de las diferentes generaciones que conviven. En España podemos decir que casi todo el trabajo y la responsabilidad recae dentro de la misma familia. Por ello debemos sobrellevar de la mejor manera posible esta etapa sándwich y acercarnos a herramientas que nos lo pongan más fácil.

La teleasistencia es una herramienta que tenemos para poder conciliar del mejor modo posible nuestra vida personal con el cuidado de nuestros mayores. Contacta con nosotros y te informamos sobre nuestra solución de teleasistencia revolucionaria (click aquí).

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Marina Nerín

Colaboradora Social SeniorDomo

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